 |
| fotografía: Luis Alemañ |
El cielo se desgarraba ahí fuera.
Nosotros mientras, hacíamos el amor
como si nuestros cuerpos
también fueran tormenta
y lloviera en todos sus poros.
Igual que el cielo
nos desgarramos.
Como si tras nuestra piel
acabara el mundo
y los colores.
Y luego,
como la calma que viene después,
nos sonreímos en un abrazo
que habríamos querido eterno
pero duró solo el instante
que nos concedió el tiempo.
 |
| www.luisalemañ.com |
Caras de cemento mustio
en el metro
hormigón en los corazones
y opacidad en las retinas.
Ya sólo queda brillo
en los ojos de los niños.
Y mientras pienso
“no quiero vivir así”,
o morir así, debiera decir,
mi reflejo abatido
se asoma en el cristal
de los fantasmas.
Me atormenta ser parte
de este letargo mecanizado,
de esta idea del tiempo
de los trenes que pasan
y no cogemos
de los que cogemos
en el andén equivocado
de los que NO pasan
de los que sí y son demasiados
y entonces cuál elegir
los quieres todos
cuando en realidad lo tuyo
es cruzar la vía haciendo equilibrios
y dejarlos pasar todos
mientras el sol te acaricia la calma
y le sonríes con gracia a la muerte
porque aunque mueva la última ficha,
lo que has andado
te lo has guisao
y te lo has comío
y oye,
que me quiten lo bailao
que yo me quedo en este andén
haciendo equilibrios
sin cemento, ni ladrillos
el corazón abierto al instante
y arriquitraun
traun traun.
 |
| Fotografía: Pedro Vera |
Nos despedimos de Lagadikia con un día de comida, bailes y
palabras que demandan nuestra atención. A nuestra marcha, otro abandono en su
camino. Pero sabemos que viene más gente a seguir con el proyecto y eso nos
reconforta. Nos despedimos con abrazos y cariño en las pupilas, esperando que
pronto dejen el lastre de la etiqueta de campo, de refugiados y den el paso a
lo que dejaron atrás y se llama vida.
Mucha suerte,
desde la otra cara de Europa.
 |
| Fotografía: César S. Baroja |
Los habitantes de Tesalónica, siguen su rutina de cada tarde;
juegan al dominó y los pequeños en el parque. A su vez y como parte del
paisaje, decenas de familias Afganas malviven en ese mismo suelo, abalanzándose
ante cualquier mínimo gesto de caridad.
Esta tarde repartimos alimentos y material higiénico.
Faltaban médicos, duchas y, en definitiva, vida.
Muchas de las mujeres, guardan en sus vientres un hijo con un
futuro incierto. Y las mafias mientras rondan haciendo la guardia y el negocio.
Y Europa se queda impasible cociendo a fuego lento una generación de rabia, sin
educación ni acogida. Y nosotros ponemos parches en un desierto de sangre. Y
pensamos en soluciones pero no se nos ocurre más que las pequeñas acciones de
cada uno. Que quizás algún día, formen los granos de una gran montaña.
 |
| Fotografía: César S. Baroja |
Las clases de inglés van acogiendo más gente cada mañana;
diferentes edades, diferentes niveles… por lo que todo acaba siendo un tanto
improvisado. Pero al final nos entendemos, intercambiamos experiencias,
culturas y emociones que nos unen en simbiosis.
Mientras hoy aprendían vocabulario, yo me llevaba los brazos
pintados, la gracia de sus bailes y la incertidumbre de dónde quedará el cariño
que nos estamos cogiendo…
 |
| Fotografía: César S. Baroja |
Los niños tantean nuestra caridad al
vernos repartir comida. Todo el mundo quiere más, todos son familia numerosa
pero nadie va con nadie. Preparamos algunas bolsas y las repartimos como nos
permite el caos.
Nos despiden con los ojos llenos de
gracias y nosotros deseándoles suerte en este camino lleno de piedras.
La necesidad de desconectar nos guía
hasta las paradisíacas playas de Chalkidiki. El mar nos moja la calma y nos
limpia las emociones dejándonos un rastro de paz. Nos despedimos con el mismo
sol que nos sonreirá mañana.
 |
| Fotografía: Paloma Agramunt |