El mar
se posa en nuestros juicios
los transforma en orgía de arena y olas.
Y de pronto
los problemas se apagan
se convierten en gaviotas
que juegan con el viento al pilla-pilla.
Moretti nos mira a todos
con su sabia filosofía
y se ríe de la locura.
Los números, las escenas,
empiezan a cobrar vida
como una cabaña en el árbol
todavía destartalada.
Aunque aún estamos buscando
dónde clavar la bandera
dónde esta el norte
de nuestras crisis
dónde está el norte
de esta creación
el norte
de nuestras vidas.
El barco se mueve
arriba y abajo
con la marea.
Balanceando en simbiosis,
las emociones.
Arrastrando con su mecer,
a personas animales locos
que viene y van
como jaula de pájaros
con puertas abiertas
y el alpiste más exquisito.
Atrás ha quedado la vida normal.
Ya nada parece extraño:
ni las ropas,
los constantes espectadores
o cualquier intento de ser creativo.
Tan tonto y entre tanto,
Peer Gynt nos acompaña
en el texto, improvisaciones
en el chirriar de los cabos
ansiando su libertad…
y con el rumbo y ante todo
en nuestra alma pirata
nuestra alma de niño
que juega que ríe y que vive
de sus impulsos más primitivos.
Mi maleta pesa
y se queja.
Se abandona al suelo
como el niño que no quiere
y grita y patalea.
No le sientan bien
ni las bragas
ni las medias
ni los zapatos.
Sólo quiere guardar tus besos guardar tu abrazo.
Sonrojadas mejillas
descontroladas cosquillas
los mordiscos en tu hombro.
Por lo visto no caben
no pasan las aduanas
o yo que sé qué mierda
pero te echo de menos.
Y tiraba todo al río si lo que sale de ella son tus ojos y
no este montón de ropa que seguramente abriga menos que un segundo en tu pecho.
Así que no lo pienses, ven ya.
Tráete manos sonrisa y que no se te olvide ponerle el
pestillo a tus miedos
cuando te marches.
Te veo en Madrid.
Pronto.
En algún rincón entre el retiro
y tus pestañas.
Chapoteamos en la ficción
se nos derrama la realidad
ya nadie sabe
cuál era quién
quién era cuál.
Se nos revuelven los idiomas
se amontonan las palabras
los lenguajes del cuerpo de la vida
en un plato de ensalada.
Acordeón de sensaciones
acordes desordenados todos
bajo la misma bandera:
al olor de la pizza y el mar
despegamos nos entregamos
para crear.
Somos tan diferentes tan parecidos
tan soñoliento el reloj
tan veloz su sonido
tanta incoherencia tanto sentido
que a nadie le faltan
razones para quedarse.
No. De verdad.
Este no es como los demás.
Es un punto diferente.
No es suspensivo, es final.
Punto y aparte si me apuras.
Pero punto. Punto de verdad.
Se acabaron los infartos amorosos.
Vacaciones a las esperas
y dependencia de unos labios.
Se dan de alta curiosas miradas
me emancipo de tu abrazo.
Adiós a los silencios nublados.
Yo me largo.
Me llevo las maletas cargadas de nada,
el equipaje está por llegar:
varios pares de aventuras
y desventuras
el sonido de mástiles combatiendo una brisa
y ¿por qué no?
Un amor en cada puerto.
Vale, sí.
También habrá recuerdos
y nostalgia
saudades de tu abrazo.
Pero
Ya
No
Esperaré.
Cuando por fin me creo
a salvo de tu ausencia
se aprovecha
me pilla desprevenida perdida
en algún rincón
y me atropella.
Se ríe de mí
como esta sopa china
que no acepta mi garganta
ya se encargan tus recuerdos
de impedir el paso
a cualquier ingrediente
que no se llame abrazo.
Y eso que los tuyos
fueron tan escasos
que ni si quiera recuerdo
si realmente fui feliz
o es que me cegó
la intermitencia de tu faro
que alumbraba mi camino
o lo cedía a la deriva.
Por igual, sin preferencias
o lo opuesto, no recuerdo.
Pero algo debió pasar
entre todos esos naufragios
algo terriblemente plácido
algo tan dulce tan salado
que mi piel no se olvida
de la paz que da tu abrazo.